La receta (cuento pequeño para pequeños que no pueden dormir solos)
Publicado en marzo 21, 2011
LA RECETA (cuento pequeño para pequeños que no pueden dormir solos) de Patricia Iglesias Torres

Buscar diez hormigas, un bicho bolita, una pulga y una araña blanca. Ponerlas adentro de un frasco de vidrio al lado de la mesa de luz. Repetirlo durante cinco noches.
Esto es lo que le recomendó Eliseo a Santiago para poder dormirse en su cuarto y no pasarse a la cama de los papás.
Así fue que esa tarde con su amigo comenzaron la búsqueda.
Por la noche todo estaba en su lugar: diez hormigas, un bicho bolita, una pulga y una araña blanca en un frasco al lado de la mesa de luz y Santiago en su cama y en su cuarto mirando dicho invento. Pero el sueño no aparecía. Daba vueltas, giraba la cabeza para los pies, los pies para el lado de la almohada. Se enroscaba en la sábana y todo parecía como siempre, él sin dormir y con muchas ganas de ir a la cama de los papás. La receta de Eliseo no causaba efecto. Aunque, no te miento, un segundo pudo cerrar los ojos y cuando los abrió ¡no lo podía creer!! Habían desaparecido todos los bichos menos la araña. Por las dudas ni se movió, a ver si todavía desaparecía él. Pero si bien no se pasó de cama no logró pegar un ojo.
La segunda noche preparó nuevamente el frasco, el amigo había sido claro:cinco noches. Así que manos a los bichos. Volvió a conseguir todo, menos la araña blanca que era la misma. ¿No te acordás que ella no había desaparecido? Santiago estaba muy nervioso y no pudo dormirse, aunque, no te miento, un segundo pudo cerrar los ojos y cuando los abrió ¡no lo podía creer!! Habían desaparecido todos los bichos menos la araña. Por las dudas ni se movió, a ver si todavía desaparecía él. Pero si bien no se pasó de cama no logró pegar un ojo.
La tercera noche, igualita a las otras dos.
La cuarta noche, idéntica a las otras tres.
La quinta noche estaba llegando, Santiago miró a la araña blanca y le dijo: ¿hoy podré dormir? Pero viste cómo son ellas, ni una palabra le contestó.
El nene preparó el frasco, las diez hormigas, el bicho bolita, la pulga y la misma araña blanca. Estaba pasando lo mismo que los días anteriores. No podía pegar un ojo. Se movía entre las sábanas como un pez en la arena cuando, dio la vuelta y se enganchó la almohada entre las piernas, miró hacia la mesa de luz y pudo advertir cómo la araña blanca, muy oronda, se comía a todos los bichos que caminaban en el frasco.
Santiago suspiró aliviado, los bicharracos no desaparecían y a él esa pequeña araña no podría comerlo, además estaba tan cansado que, no te miento, cerró los ojos y hasta que el sol avanzó por la ventana del cuarto no se despertó. La receta de su amigo era infalible.

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