CUENTO para contar en NAVIDAD
Publicado en diciembre 18, 2011
UNA NOCHE ILUMINADA
En el pueblo de “casi nunca pasa nada”, se preparaban para el primer concurso de “árboles de navidad”.Cada familia tenía que preparar un árbol distinto y creativo.
Un jurado de notables sería el encargado de elegir al ganador. Estaría compuesto por: Doña Josefina de Pupitre, la directora de la escuela número 20. Don Ramón Irrompible, dueño de la única juguetería de la zona y Joaquín Quintas Verdes, especialista en árboles, arbustos y otras especies. El premio era una canasta de nueces, pasas de uvas, caramelos, garrapiñadas y pan dulce.
-Hasta compraron un árbol que parece nevado-decía la Sra. Nada de Nada, cerrando los ojos y agachando la cabeza-creo que nunca podremos ganar.
-Ya se nos va a ocurrir una manera de conseguir nuestro árbol, no te preocupes- le contestaba su esposo.
Llegó la noche de navidad. La reunión de todos los participantes del concurso fue en el club: “Gano yo”.Desde ahí y en compañía del Honorable Jurado saldrían a recorrer casa por casa para ver y clasificar los árboles de navidad.
La familia Miñoncito, pasteleros del lugar, mostró su árbol de panqueques.
-¡Podríamos comer durante un mes entero!-opinó el papá de los Nada de Nada.
-Tanto dulce daña los dientes- afirmó Doña Josefina de Pupitre.
-Comerlo dará horas de entretenimiento y diversión- Dijo Don Ramón Irrompible.
Obtuvieron un buen puntaje por la deliciosa idea.
La familia Crochet, dueña de la mercería, había hecho un árbol tejido, largo como el patio de atrás.
-¡Qué linda lana para tejer sacos a los chicos!– dijo la mamá de los Nada de Nada.
-Yo tengo una bufanda del mismo color- opinó la mamá de los Demasiado de Mucho.
-Podría estar un poco más prolijo, más derechito el punto- aseveró la señora de Pupitre.
-Una variedad de planta interesante- consideró Joaquín Quintas Verdes.
-Es muy novedoso el material ¿es tóxico?- preguntó don Irrompible, el juguetero.
El árbol de los Demasiado de Mucho impactó. Tan resplandeciente y adornado que los tres miembros del jurado dijeron juntos: “¡Ah!” y se paralizaron en una mueca boquiabierta. El puntaje que le dieron fue altísimo. Casi ganadores, dirían todos.
Sólo faltaba el árbol de la casa de los Nada de Nada.
Cuando toda la comitiva entró, la mamá Nada de Nada dijo:
Todos la siguieron al jardín de la casa. Antes de abrir la puerta agregó:
-Nosotros, en realidad, el pino lo plantamos hace diez años, lo cuidamos siempre, aunque no fuera navidad, nos llevó tiempo de espera, diariamente lo regamos, en otoño barrimos las hojas secas, en invierno lo cuidamos de las plagas… creció con nuestros hijos, fue testigo silencioso de charlas familiares y nos acompañó en los atardeceres de verano con su sombra.
Para decorarlo recurrimos a nuestra fe y deseos.
Y allí estaba: un pino de casi 30 metros, miles de bichitos de luz tintineando en cada rama.
Los miembros del jurado elevaron la cabeza: ese árbol parecía no tener fin. Y justo, en ese mismo momento, como por arte de navidad, se apoyó en la punta la estrella más radiante del firmamento.
-Ahhhhhhhhhhhhh-suspiraron todos los vecinos al verlo.
-¿Cómo no lo vi en el supermercado?-dijo el papá de los Demasiado de Mucho
-Un kilo y dos pancitos- agregó el papá de los Miñoncito
-Sin duda, es el mejor árbol que vimos en todo el pueblo-dijo Ramón Irrompible.
-¡Esplendoroso y didáctico!-opinó la señorita de pupitre.
– ¡Un árbol verdadero!- gritó Joaquín Quintas Verdes.
- Por unanimidad: “El ganador”- afirmó el presidente del jurado.
La gente aplaudía sin parar.
El papá de los triunfadores, con la canasta de dulces en la mano, se subió a un banquito para ver a todos los vecinos y gritó:
-¡Amigos, los invito a compartir, con nosotros los Nada de nada, el sabroso premio, en esta noche iluminada!

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